Mar
08
2008
Aunque en la playa nos olvidamos de los horarios y muchas veces sacrificamos el desayuno por unas horas más de sueño o de sol, les recomiendo no dejar de visitar la juguería de Jannet al menos una vez durante su estadía en Máncora.

Lo dice Lonely Planet
La prestigiosa guía, que basa sus recomendaciones en las sugerencias de viajeros, no se equivoca al describir la juguería Jannet, como “the best juice place in town – come here for massive jugs of your favorite tropical fruit juice“ (“la mejor juguería del pueblo - vengan por un gran vaso de jugo de sus frutas tropicales favoritas”) Continuar leyendo »
Jan
18
2008
Visitar Lima es condenarse a subir de peso; cualquiera que haya pisado la tres veces coronada villa sabrá que tengo razón. Yo me anduve cuidando (bueno, anduve manteniendo mi sobrepeso habitual) hasta que el destino me regresó, por dos semanas, a los parques de la infancia, a las calles de la adolescencia y a los restaurantes de toda la vida.
Lo primero que debe hacer uno al llegar a Lima es comerse un pollo a la brasa con muchas papas fritas con mayonesa y una generosa porción de palta (el aguacate de los mexicanos), todo eso debe estar acompañado de una Inka Kola bien helada (diet, para los que queremos conservar la línea) o una jarra de chicha morada (delicia del maíz morado hervido con cáscara de piña). Claro, para comer pollos hay para escoger, desde las más socorridas pollerías de barrio (como el Memphis en Aviación) hasta la ahora internacional cadena del Pardo´s Chicken, pasando por La Granja del Abuelo (donde puedes disfrutar, de paso, del inolvidable “choclito” José Antonio). Claro que si el asunto es por volumen y se trata de retar el vientre, bien pueden disfrutarse todos los pollos que el cuerpo aguante en la clásica Granja Azul o en el más reciente El Pillo, ambos a las afueras de la ciudad (imperdibles los anticuchitos de hígado de pollo con mayonesa). Para los nostálgicos, nada como un pollo del Rancho o del Pollón, esos decanos.

Continuar leyendo »
Dec
01
2007
Hay lugares que uno desearía tener más cerca, espacios que de alguna manera ayudan a recordar una ciudad. Al nombrar Trujillo, probablemente uno evoque nombres como la Huaca del Sol y de la Luna, Huanchaco, la ciudadela de barro de Chan Chan, entre otros destinos. Sin embargo Trujillo también es sentarse en la Plaza de Armas y conversar con la gente, caminar por los alrededores y ver la actividad local. Es llegar a la cuadra 7 del Jr. Independencia y detenerse en el Café-Bar del Museo del Juguete.

Continuar leyendo »
Nov
28
2007
Atendiendo una invitación de Oltursa, con la información de que habían mejorado su servicio de comida a bordo, alistamos mochila y nos fuimos a Trujillo por el fin de semana.
Desde que subimos al bus notamos los cambios en el servicio: un jingle más simpático, terramosas más atentas (incluso una de ellas se aprendió los pasajeros para entregarles la comida) y una colección de revistas para curiosear si no tienes ganas de ver la película de turno.
En la ruta de Lima a Trujillo la cena empezó con un agradable aperitivo de fresas con pisco, y continuó con un contundente sándwich con más de cinco tajadas de jamones, papas fritas, ensalada de frutas y una bebida.

Continuar leyendo »
Sep
20
2007
En un amplio local, que hace poco albergó a un bar de corta vida y antes a un restaurante de perfil bajo, hoy se levanta orgullosa la cafetería piurana de moda, el Cappuccino. Un local que abrió alrededor del 2000 para cubrir un nicho desatendido en la cálida ciudad, ofreciendo un ambiente agradable y una carta en la que predominaban los postres, pero no faltaban los sánguches, ensaladas y cafés.

Durante años se mantuvo en el primer lugar de preferencia en la ciudad ya que nunca bajó la guardia y tuvo como bandera la innovación.
Sin duda su momento más duro fue en junio de este año, cuando el local se consumió en llamas por un incendio que acabó también con el añorado restaurante “La Santitos”.
Pocos meses después abrió sus puertas nuevamente, en un local más grande que el anterior pero con el ambiente de siempre. Después de haber disfrutado sus postres por cinco años, la visita era obligatoria.
Continuar leyendo »