Feb 21 2007
Azúcar amargo en La Bistecca
Permitieron que una pareja se salte la cola y las servilletas de nuestra mesa estaban sucias. Así fue mi primer encuentro con La Bistecca, que pasó de la ilusión a la furia, volvió a la calma y terminó en deleite.
Vaya montaña rusa de sensaciones que me hicieron sentir en La Bistecca. Primero, como en toda fecha comercial bien marketeada (San Valentín) había cola para confirmar la reserva y que te guíen a la mesa, sin embargo, mientras que nosotros respetamos el orden de llegada, como debe ser, las señoritas de la puerta del local no impusieron el orden en el lugar y permitieron que otras parejas se adelanten para pasar antes. Cuando les hicimos la observación al respecto no supieron dar un argumento válido y solo atinaron a decir: “es que tenemos que esperar a que llegue el mozo para que los guíe”. Hello -pensé- el mozo se acaba de ir con quienes dejaste pasar saltándose la cola. Y para no empezar una discusión que malogre la velada lo dejamos ahí y pasamos.
Ya en la mesa, tome la servilleta y cuando la abrí me encontré con una tremenda mancha de los labios rojos de alguna señorita que habría ido más temprano. Fue lamentable encontrar una servilleta sucia en un restaurante que llega a la ciudad buscando posicionarse como un lugar de cierta categoría. Este simple detalle demostró que a la Bistecca aún le falta mejorar su preparación para afrontar la atención masiva que reciben en fechas comerciales.





