Jan
18
2008
Visitar Lima es condenarse a subir de peso; cualquiera que haya pisado la tres veces coronada villa sabrá que tengo razón. Yo me anduve cuidando (bueno, anduve manteniendo mi sobrepeso habitual) hasta que el destino me regresó, por dos semanas, a los parques de la infancia, a las calles de la adolescencia y a los restaurantes de toda la vida.
Lo primero que debe hacer uno al llegar a Lima es comerse un pollo a la brasa con muchas papas fritas con mayonesa y una generosa porción de palta (el aguacate de los mexicanos), todo eso debe estar acompañado de una Inka Kola bien helada (diet, para los que queremos conservar la línea) o una jarra de chicha morada (delicia del maíz morado hervido con cáscara de piña). Claro, para comer pollos hay para escoger, desde las más socorridas pollerías de barrio (como el Memphis en Aviación) hasta la ahora internacional cadena del Pardo´s Chicken, pasando por La Granja del Abuelo (donde puedes disfrutar, de paso, del inolvidable “choclito” José Antonio). Claro que si el asunto es por volumen y se trata de retar el vientre, bien pueden disfrutarse todos los pollos que el cuerpo aguante en la clásica Granja Azul o en el más reciente El Pillo, ambos a las afueras de la ciudad (imperdibles los anticuchitos de hígado de pollo con mayonesa). Para los nostálgicos, nada como un pollo del Rancho o del Pollón, esos decanos.

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Aug
30
2007
Mis amigas del trabajo me recomendaron los anticuchos de corazón del Tío Mario, en Barranco, desde que hubo la primera conversación sobre comida. Me aseguraron que eran los mejores de Lima, y por ende quizá del mundo, que su sazón es única, que después de probarlos no querría comer otros e incluso para alguna eran mejores que los del Puro Corazón.

Ante tal manifiesto la visita era un deber. Fuimos un sábado en la noche, esperamos un poco en una cola que avanzó con fluidez y a los pocos minutos ya estábamos ubicados en el tercer piso de este restaurante que en sus inicios me cuentan fue solo un pequeño puesto entre tantos otros.
“Cuatro palitos de anticuchos de corazón, un anticucho de pollo, rachi con papas, picarones y una jarra de chicha morada por favor”

Los anticuchos me gustaron, las chicas tenían razón y son muy buenos, sabrosos y la porción bien taypá. Lo malo es que como nuestro invierno no termina por irse, y el local tiene mucha ventilación, la comida se enfría más rápido de lo que te toma terminártela. Pero bueno, siempre está la opción de pedir que se recaliente.
Después de las carnes y de terminar la noche de gula con los picarones lo mejor que pudimos hacer fue pedir una ronda de anises bien calientitos.
Un punto importante que se debe tener en cuenta al ir donde el Tio Mario es que solo se aceptan pagos en efectivo, nada de tarjetas de crédito. Para que calculen cuanto les saldría la cuenta pueden revisar su carta aquí.

El Tío Mario está en:
En la bajada hacia el puente de los suspiros, a espaldas de la Municipalidad de Barranco.
Su nota:

Jun
13
2006
Es habitual notar en los comensales de esta anticucheria algunas palabras elogiando a los prominentes estómagos al final de la comida. Y no es solo la Pancita uno de los mejores platos de Puro Corazón, sino también los anticuchos acompañado de “su” choclo y su” papa. La atención, ya sea al auto o dentro del local demora más de lo que toma una breve conversación, que por cierto es el mejor aperitivo, y luego de recibir los platos, es difícil retomar el ritmo de conversación anterior. Aunque el ají no es de los mejores, el sabor de los anticuchos permite para pasar por alto este detalle.
“Puro Corazón” está en el distrito de San Miguel, justo en una esquina iluminada, frente a la Plaza Principal, en la calle San Miguel, esquina con Grau. Una buena idea es dar una caminata en el parque de al frente luego de los platos de anticucho, para bajar la pancita.
Si alguien tiene la dirección exacta…compártala.