Aug 30 2006
Muerde esa mano que te da de comer
Que haga clic el que tiene en su centro laboral o de estudios la mala suerte de ser alimentado por un concesionario de Charlottes. Yo soy uno de esos casos, aunque por suerte cuando tengo que comer algo de allí solo se trata de un sánguche o una torta, ya que mi almuerzo es sana, alimenticia y balanceada comida preparada en casa.
Y cuando tengo ese antojo a media mañana y opto por un sánguche suele ser el de palta, que cuando no le tiran en salero dentro es rico, o sus triples, que cuando tienen relleno valen la pena, pero hay que estar atento antes de dar el primer mordisco porque también estilan eso de llenar solo por los bordes. Ya un par de veces he pedido que me pongan el relleno en serio. Que fastidio, por ahorrarse unos centavos ponen en riesgo la fidelidad del cliente, pero claro, como nos tienen ahí cautivos no les interesa ninguna de las teorías modernas de atención al cliente.
Recuerdo que al inicio su comida me parecía buena y a veces pensaba en no llevar mi loncherita para probar estas supuestas delicias culinarias. La fantasía duró poco y se desvaneció la primera vez probé sus tallarines a lo Alfredo con un trozo de carne rosáceo y tan delgado como la anorexia misma y que se suponía era una milanesa de pollo. Ciertamente impasable.
La segunda vez, y espero última, que comí su almuerzo fue un lomo saltado que tenía 50% de arroz, 25% de cebollas, 20% de papas fritas y 5% de carnes medio crudas.
Que la foto no lo engañe, solo habían 6 pedazos de carne en el plato.
Los platos mejor preparados son los del menú ejecutivo, y aunque no seas uno, por cinco solcitos puedes comprártelo.
Alguien podrá salir a defender el menú que come día a día en estas cafeterías, y es cierto, el tema es discutible, como todo lo referente a gustos, pero el principal motivo por el cual creo que Charlottes es un pésimo lugar es por su servicio, y esto lo nota cualquier persona con sentido común. No se como será en otras sucursales (aunque tampoco he escuchado buenos comentarios de la de la Universidad del Pacífico y la UPC) pero en la que opera donde trabajo, los mozos y meseras son un grupo entrenado en la atención de cuartel, a excepción de dos personas puntuales que muestran su esfuerzo por hacer un buen trabajo y a quienes se les agradece la sonrisa que mantienen en la cara aunque el lugar esté lleno y tengan que llevar jarras de refresco de un lugar a otro.
Pero los malos elementos son la mayoría, empezando por la señorita que sirve la comida, quien me recuerda a las películas de colegios militares, donde cogen el cucharón y lanzan la porción al plato y si un poco de la sopa cae sobre el arroz, o un alguna zanahoria del arroz sobre el tallarín, pues que más da. Ni se inmuta.
Además de esa atención desalentadora, no tienen el más mínimo cuidado a la hora de poner los vasos en la mesa, estos llegan chorreando agua y nadie dice nada. ¿Tan difícil es usar su secador para al menos entregar vasos que no parezcan de cevichería de mercado? (con el respeto que los locales modestos que secan sus vasos merecen).
Creo que esta cafetería tienen el potencial para cambiar, pero primero se tienen que cambiarse el chip. Para darles algunas ideas dejaré una lista de sugerencias en el buzón que tienen empotrado en una esquina. Ojala lo lean y sobre todo que lo tengan en cuenta.
Su nota:












